Skip to content
Isabel Coixet retrata los métodos del abusador sexual en «El techo amarillo»

San Sebastián, 22 sep (EFE).- Las mujeres que denunciaron haber sufrido abusos sexuales en el Aula de Teatro de Lleida siendo adolescentes han encontrado este jueves un altavoz en el Festival de San Sebastián, donde se ha presentado, fuera de concurso, « El techo amarillo», un documental de Isabel Coixet que recoge sus historias.

Cuando sucedieron los hechos, tenían 13, 14 o 15 años y eran incapaces de entender que eran víctimas de un sistema de «manipulación a través de la seducción», tal y como explican en el documental. Cuando por fin se atrevieron a ir a los tribunales, en 2018, el caso había prescrito.

Sus abusadores eran dos profesores del centro, uno de ellos, Antonio Gómez, llegó a ser director y pasaron de los 30. Para sus alumnas era un «referente», un tipo «transgresor» y «creativo» hacia quien sintió una profunda admiración que éste utilizaba para manipularlas.

Coixet dedicó a hacer el documental tras leer la investigación que publicó el diario «Ara» en 2020, según ha contado este jueves en rueda de prensa.

«El artículo dejaba entrever unas voces poderosas», ha señalado la cineasta catalana, Premio Nacional de Cinematografía 2020. «Tras hablar con ellas por primera vez me pareció increíble que hubiera prescrito: la fiscalía reconocía en su escrito la veracidad de los hechos, pero decía que había prescrito».

Los hechos, que según el reportaje de «Ara» se desarrollaron durante 20 años, aunque la denuncia comprendía solamente el periodo entre 2001 y 2008, surgieron clases muy sexualizadas, con tocamientos en los que participó el profesor, que se llevó a las menores a su casa, las citaba los domingos o entraba en el vestuario cuando se cambiaban.

«Te hacía sentir especial porque te elegía a ti», dice una de ellas en el documental, Goretti Narcis, que a los 15 años mantuvo relaciones con él pensando que era «la única», al igual que otras de sus compañeras (fueron nueve las que denunciaron).

En la rueda de prensa, Marta Pachón ha explicado que la razón de dar la cara es animar a «las que no se han atrevido a hablar», y Miriam Fuentes ha añadido que se trata de «que vayamos cambiando la historia y el discurso social que promueve esto, que poco a poco los abusadores se sientan menos libres de hacerlo».

No obstante, ven muy difícil que el caso se reabra porque para ello tiene que haber nuevas denuncias de un período más reciente, y ellas saben lo difícil que es dar el paso.

«El verdadero acto de valentía es reconocer que ha sufrido abusos», ha subrayado Sonia Palau. Para ellas la clave ha sido ir de la mano. «Nuestro camino juntas ha sido sanador y hemos aprendido sobre el abuso y sobre la sororidad».

«Tenemos que cambiar el chip al hablar de abuso y de víctima», ha añadido Fuentes, «Isabel no ha sido nada sensacionalista y es responsabilidad de los medios no mostrar una imagen de plañidera porque nadie se quiere identificar con eso».

En ese sentido, han agradecido que «El techo amarillo» no ponga el foco en las vejaciones que sufrieron, sino en el perfil del abusador, a pesar de que Gómez rechazó participar en el documental.

«Yo creo que el protagonista es él», ha apuntado Palau. «El depredador repite sus comportamientos, Isabel ha sabido poner el foco donde queríamos, en él, no en nosotras, porque es él quien tiene que vergüenza y culpa».

También se critica la falta de mecanismos para apoyar estas denuncias. «Algunas compañeras nuestras, cuando hablaron con la escuela les cuestionaron, no entendían, no hay herramientas porque la gente no está formada», ha dicho Palau.

Coixet ha contado que fue difícil conseguir material de archivo y que desde el Aula no se les facilitó nada, todo había sido «borrado» y las imágenes que se incluyen son filmadas con móviles por padres o alumnos.

Para la directora de películas como «La vida secreta de las palabras» o «Mi vida sin mí», lo «peor» del caso es que cuando por fin lograron romper el silencio les hicieron sentir que habían hecho algo mal, que se querían « carga la institución».

También se ha confesado «intrigada» por lo que ha llamado la «trama económica» del caso, porque Gómez recibió una indemnización de casi 60.000 euros cuando fue expulsado del centro. «Esa indemnización es una bofetada en su cara, es algo en lo que me hubiera gustado ahondar, pero nadie quiere hablar las cosas».

Magdalena Tsanis