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Muere Benedicto XVI, adiós al Papa de la renuncia

Un cartel de Benedicto XVI en las calles de Roma. / Afp

Benedicto XVI entró en la historia por reconocer que no se sintió con fuerzas para seguir liderando la Iglesia católica

DARÍO MENOR Corresponsal en Roma

El papa emérito, Benedicto XVI, falleció a los 95 años de edad este sábado 31 de diciembre a las 9.34 horas, según ha informado la Conferencia Episcopal Española. «Con pesar doy a conocer que el Papa emérito Benedicto XVI ha desaparecido hoy a las 9:34 horas, en el Monasterio Mater Ecclesiae del Vaticano», ha confirmado a los periodistas acreditados el director de la oficina de prensa del Vaticano, Matteo Bruni. «Apenas sea posible proporcionar mayor información», ha agregado en un breve comunicado de prensa.

Benedicto XVI se ganó un lugar en la historia no por lo que hizo, sino por lo que dejó de hacer. Su honestidad al reconocer el 28 de febrero de 2013 que se sintió incapacitado para continuar como Papa -«ya no tengo fuerzas», confesó en latín- y renunciar al pontificado, un gesto inédito en los últimos seis siglos, marcó un hito en la Iglesia católica y abrió la puerta a que sus sucesores, comenzando por el propio Francisco -que ya ha confesado sus numerosos achaques, como sus dolencias en la rodilla que le han llevado incluso a comparar en público en silla de ruedas-, pueden seguir su ejemplo. Esta humanización del cargo es la mayor contribución que deja el anciano Papa emérito, fallecido a los 95 años de edad en el monasterio Mater Ecclesiae, situado dentro del Vaticano y donde ha vivido desde que se hizo efectivo su renuncia tras un breve período en el Palacio Apostólico de Castelgandolfo, la residencia veraniega de los Papas situada a las afueras de Roma y hoy convertida en museo.

Aunque no pudo resultar inesperado debido a su elevada edad y la debilidad de sus últimos años -sumaba hipertensión, artrosis y tres accidentes vasculares cuando anunció que dejaba el báculo- la muerte de Joseph Ratzinger llega en cierta forma por sorpresa, ya que no se tenía conocimiento de que sufriera ninguna enfermedad grave ni tampoco habia tenido que ser hospitalizado recientemente. No obstante, en una de sus últimas comunicaciones públicas, la carta que mandó en octubre de 2021 a un monasterio austriaco donde tenía un antiguo profesor amigo suyo que allí residía, escribió: «Ahora ha llegado al más allá, donde seguramente le esperan muchos amigos . Espero poder unirme pronto a ellos».

Benedicto XVI no fue el primer Papa en renunciar. En 1294, Celestino V abandonó la sede apostólica angustiado por el peso del cargo y las intrigas vaticanas y terminó siendo enterrado en la ciudad de L’Aquila, en el centro de Italia, a la que Ratzinger viajó en 2009 después del terremoto que la sacudió . Aprovechó entonces para visitar la tumba de Celestino V, recordar su figura y dejar su estola como regalo. Era algo que no había hecho hasta entonces ninguno de sus predecesores y que acabaría uniendo la figura de ambos. Entre Celestino V y Benedicto XVI, el único obispo de Roma que también dejó el cargo fue Gregorio XII en 1415.

Los escándalos

El propio Papa alemán se encargó de disipar los rumores sobre los escándalos que deberían haber propiciado su renuncia. Fue en una conversación con el diario italiano ‘Corriere della Sera’ publicado en marzo de 2021, cuando se cumplieron ocho años desde que se hizo efectiva su marcha. «Fue una decisión difícil, pero la tomé con plena conciencia y creo que hice bien. Algunos de mis amigos un poco ‘fanáticos’ siguen enfadados y no han querido aceptar mi decisión. Pienso en las teorías de la conspiración que siguieron», contó.

Rechazaba así la posible influencia de un eventual «complot del lobby gay», los casos de pederastia que salpicaban a la Iglesia ya los que Ratzinger plantó cara, las intrigas financieras -dimitió el presidente del banco vaticano, fichado para sanear la entidad-, y el escándalo Vatileaks -la filtración entre enero y mayo de 2012 de decenas de documentos internos que revelaron intrigas y juegos de poder-. Fue un golpe tremendo a la imagen del Vaticano, y además lanzado desde dentro. Su mayordomo, Paolo Gabriele, ‘Paoletto’, fue detenido y acusado de ser el ‘topo’ entre los ‘cuervos’.

«No quieren creer que se trata de una decisión tomada conscientemente. Tengo la conciencia tranquila», dijo entonces Ratzinger, dejando claro que no estaba dispuesto a dejarse manipular por el sector de la Iglesia católica incómodo con el pontificado de Francisco. «No hay dos Papas. Papá hay sólo uno».

El deceso de Benedicto XVI fue confirmado por su secretario personal, el arzobispo alemán Georg Ganswein, el hombre que le ha acompañado estos últimos años en el monasterio Mater Ecclesiae junto a las Memores Domini, las cuatro mujeres pertenecientes a esta asociación laical de Comunión y Liberación que se encargaban de su cuidado personal. Casi ciego, sin apenas voz y necesitado de un andador para poder caminar, el Papa emérito pasó sus últimos años sin salir del monasterio vaticano, donde recibió visitas con cuentagotas para no cansarle. Su último viaje tuvo lugar en junio de 2020, cuando tomó un avión para ir a Alemania y despedirse de su hermano Georg, sacerdote como él y que fallecía un mes después de los 97 años.

La última visita que recibió en el monasterio Mater Ecclesiae de la que se tiene noticia antes del empeoramiento de su estado de salud tuvo lugar el pasado 1 de diciembre, cuando fueron a verle los últimos galardonados en los Premios Ratzinger, los profesores Michel Fédou, sacerdote jesuita, y del erudito judío Joseph Halevi Horowitz Weiler. Estaban acompañados por el presidente de la Fundación Vaticana Joseph Ratzinger – Benedicto XVI, el jesuita Federico Lombardi, que ejerció de portavoz del Papa alemán durante la mayor parte de sus casi ocho años de pontificado. En la fotografía distribuida en aquel encuentro se le vio acompañado de Weiler, de Lombardi y de un sonriente Ganswein.

Aunque la última década haya sido emérito, Ratzinger fallece siendo el segundo obispo de Roma más longevo de la historia, superado solo por Agatón, un Pontífice del siglo VII cuyo deceso llegó tras haber superado el siglo de vida. El Vaticano aún no ha hecho públicos los detalles del funeral ni cuándo se celebrará, pero las fuentes de la Santa Sede explicaron a este diario que la ceremonia lleva años preparada, encargándose de esta inédita tarea la oficina del Maestro de Celebraciones Litúrgicas del Papa. Las exequias serían un punto intermedio «entre las de un cardenal y las de un Papa reinante», comentaron los mismos medios.

Durante su breve pontificado, Benedicto XVI realizó tres viajes oficiales a España, a la que vio «necesitada de una reevangelización». Benedicto XVI apostaba por recuperar las raíces cristianas de Europa, que a su juicio se encontraban en peligro, para que los países que han dado la espalda a la religión vuelvan a recuperar la fe. En esa tarea, España era una cabeza de puente estratégico, sobre todo, por su influencia cultural en Latinoamérica, donde se encuentra la parte magra del catolicismo mundial. De ahí la contundencia de esa frase, pronunciada en el avión que le trasladaba a Santiago de Compostela en noviembre de 2010: un peregrinaje destinado a «revitalizar una fe que los españoles llevan en la sangre».