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Un año de estrellas |  sur en ingles

Una noche estrellada. / SUR

Un nuevo año está por comenzar, el número 2023 de la era cristiana

Todas las luces se apagan en mi distrito. Voy por la mitad de la calle Cristo, paseando a mi perra Nori, y la primera sensación es atávica, de miedo a la oscuridad ya los seres que en ella pueden acechar. Entonces mis alumnos, que antes intentaban evitar el exceso de luz y los faros de los coches, empiezan a adaptarse a la nueva situación y empiezan a percibir su entorno de forma diferente.

Los primeros en reaccionar son grupos de adolescentes, corriendo arriba y abajo de la calle, gritando y emocionados por la novedad y quizás algo más fuerte. Pero luego la gente forma una fila de balizas con las antorchas de sus teléfonos móviles, que son las velas del siglo XXI.

Ahora podemos caminar por la acera sin tropezar con los asientos, donde los mendigos (cada día hay más, por cierto) ya están dormidos a pesar de que es temprano, como si alguien hubiera apagado la luz de su habitación.

Un apagón nos enseña cuán vulnerables somos, cuán dependientes de las comodidades. Llego a casa y lo único que se me ocurre es que las linternas, si me acuerdo dónde están, funcionan con pilas y las únicas que tenemos son recargables y sin duda se quedarán gastadas; o se enchufan a un enchufe con un USB, pero no hay electricidad.

Encuentro una pequeña vela y un portavasos muy bonito que trajimos a casa de las vacaciones como recuerdo. Convenientemente, hay un encendedor cerca y, además, tiene gas y luces.

En la terraza hay una luz que tiene un pequeño panel solar en su interior para cargarla. Se puede quitar de la pared con bastante facilidad, por lo que se convierte en el epicentro del sistema de iluminación de la casa por la noche.

Fue precisamente cuando salí a buscar la lámpara solar que descubrí el regalo de la noche: mirando hacia arriba, el cielo estaba lleno de estrellas. Evidentemente no como una montaña a primera hora de la mañana, cuando hay millones, sino mucho más de lo normal en el centro de una ciudad donde, por una vez, no se ven eclipsados ​​por las farolas.

Lo que trato de decirles, metafóricamente, es que está por comenzar un nuevo año, el número 2023 de la era cristiana. Al igual que el que está llegando a su fin, éste tampoco va a ser fácil, probablemente todo lo contrario: oscuro e incierto. Por momentos dará miedo y tendremos que echar mano de las antorchas, aunque siempre habrá alguien para iluminar el camino con el móvil. Y en la oscuridad más profunda de la noche, las estrellas aparecerán una vez más. Feliz año nuevo.